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About this session

Por Andrea Castellano.

Donald Trump no improvisa. Es un estratega que domina el arte de la distracción. En medio de un panorama caótico, donde la economía se tambalea y la confianza en el gobierno se desmorona, abrir los archivos del asesinato de John F. Kennedy es un golpe maestro. Así, un tema con carga emocional, teorías de conspiración y décadas de sospechas, le permite re-dirigir la conversación y posicionarse como el líder que revela “las verdades ocultas”. 

No es sólo una jugada política, es un acto de control narrativo.

Pero detrás del telón, el panorama económico es sombrío. Estados Unidos enfrenta un crecimiento estancado, una inflación que no cede y un mercado laboral frágil. La deuda nacional ha alcanzado niveles históricos, mientras que los precios del petróleo y la volatilidad de los mercados financieros aumentan la presión sobre los ciudadanos. La tensión comercial con China ha aumentado, y las políticas de la Reserva Federal han hecho poco para calmar los temores de recesión.

En este contexto, el gobierno de Trump necesita desesperadamente un giro en la narrativa. ¿La solución? Volver la mirada del público a un misterio sin resolver, un thriller político que desvía la atención de la realidad financiera y devuelve a Trump al papel de desafiante del sistema.

Jugar con la historia es arriesgado. Si los archivos revelan información que compromete a las agencias de inteligencia, la crisis de confianza podría profundizarse. Si los documentos resultan ser poco reveladores, Trump se arriesga a quedar como un manipulador mediático. Además, este movimiento podría abrir la puerta a nuevas exigencias de transparencia en otros temas incómodos para su administración como el 11 de septiembre, el asesinato de Martin Luther King Jr. o incluso escándalos recientes en distintas administraciones, incluyendo la suya.

Aún así, existe un problema más grande: esta maniobra es una distracción con fecha de caducidad. Si la jugada no logra el impacto esperado, la crisis económica volverá con más fuerza a la agenda pública, dejando a Trump sin una narrativa con la cual sostener su imagen de líder transgresor.

Lo cierto es que Trump ha hecho de la política un espectáculo, y esta movida no es la excepción. La desclasificación de los archivos de JFK no es sólo un acto simbólico, sino una maniobra de distracción en un momento crítico. Si logra controlar la conversación, puede consolidar su imagen de líder transgresor. Si la jugada se le revierte, podría enfrentarse a un nuevo nivel de caos político. La historia, como siempre, tendrá la última palabra.

 

SOBRE LA AUTORA:

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ANDREA CASTELLANO

Analista Junior de Politiks Studio

Con formación en comunicación y un marcado interés en el contexto internacional, su trabajo se centra en el análisis de narrativas, geopolítica y su impacto en la política global. Desde 2022, ha desarrollado investigaciones sobre tendencias políticas, dinámicas de poder y estrategias de comunicación, aportando una visión integral sobre los acontecimientos que moldean el debate público.

 

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